lunes, 20 de mayo de 2019

Game Of Thrones 8x06: Un episodio para recordar


Ha sido una partida muy larga la que ahora termina; ocho temporadas, largos años, pero solo dos estaciones en Poniente: de la primavera cuando todo era nuevo, fresco y vibrante a este invierno desenfocado de ideas congeladas y tramas estériles. La partida ha sido larga, ha terminado, y Bran se sienta en el trono de los Seis Reinos. 
El polvo - la ceniza - se ha posado y aquí estamos, tras este último episodio. Tantos años. Tanta pasión... ha terminado en ceniza. 
El problema no es el qué; nunca lo ha sido. El problema es el cómo
Y el cómo es lo que hace de estas dos temporadas, la última en particular, una pesadilla.  Ha desaparecido toda sombra de verosimilitud: la suspensión de la incredulidad se ha levantado y no hay quién se lo trague. Y es que hemos visto Dragones morir como gallinas y balistas que funcionan en días alternos. Hemos visto Caminantes Blancos estallar en mil pedazos junto a nuestros sueños de una Larga Noche tan temible como ocho temporadas nos habían dicho que era. Ante nuestros ojos las torres y murallas han estallado bajo el fuego cómo si de las maquetas de cartón piedra del opening se tratara. Y lo peor, nuestros personajes han abandonado toda coherencia, han perdido el norte, y la gracia, el verdadero valor de la serie, se ha perdido con ellos.

Que Daenerys acabe como acaba no es un problema. Ni totalmente inesperado. Ni inmerecido. Rescataré el concepto que en este último episodio nos han recordado: "romper la rueda". Romper la rueda es romper el sistema: y el sistema no se destruye con medias tintas y sin violencia. A Dany le quedaba - le quedará también en los libros, estoy seguro - dos posibles vías: renunciar a sus ideales aceptando un compromiso a medio camino o perseguirlos hasta su trágico final y encararse a Poniente entero, convertida en una Reina de Terror. Quemar Desembarco no es necesariamente una mala decisión de guión. 
El problema es que no se puede pasar de cero a cien en dos episodios. Estoy entre los que veíamos venir la trama de la reina loca; la Dany de la serie era de gatillo fácil, aún más que en las novelas. Ejecución tras ejecución, avanzaba hacia el trono sin pestañear, sin un momento de duda: en una temporada final de diez episodios o más igual habría podido desarrollarse esta tendencia hasta sus últimas consecuencias. El drama y el dolor que retuercen a la Madre de Dragones, alimentados por el derrumbarse de su verdad fundamental - "soy la heredera legítima" - podrían haberse alimentado de su cordura hasta que solo quedara la digna hija de su padre... pero se ha renunciado a esta evolución en favor de la sorpresa y la inmediatez. 
El primer tercio de este último capítulo de hecho me ha gustado; el tono siniestro totalmente conseguido, el escenario dantesco de la capital en ruinas, la lluvia de ceniza. Y he cometido un error fundamental: creer en la posibilidad de un final a la altura. Cogiendo lo que nos han dejado, aceptando que ya no se puede cambiar lo que esta temporada nos había dado hasta entonces, aún se podía salvar parte de la dignidad. Dany sonaba Hitleriana, arriba, en las escaleras ante sus miles de inmortales inmaculados.  Un dictador acabado de nacer proclamando su verdad al mundo, dispuesta a extender una guerra total hasta que todo y todos estuvieran de rodillas: esto podría, debería haber dominado la mayor parte del capítulo. Dany cristalizada en algo distinto, dejando atrás los días pasados de lágrimas e insomnio que la dejaron demacrada para convertirse en un ser frío de determinación absoluta: un nuevo villano para enfocar - ni que sea en estos últimos minutos - la temporada. Jon y Tyrion devastados, sus sueños y su amor despedazados, los ojos abiertos al fin. Incluso podría haber muerto Tyrion, quemado, tal y como ella prometió. Y la Reina podría haber avanzado hacia el norte, a aplastar la última resistencia. Y allí, finalmente, encontrar su derrota: quizás ante Sansa, quizás ante Jon. Quizás ante el propio Drogon warhgeado por Bran. 



Sin embargo Weiss y Benioff han optado por algo frankensteiniano: un cadáver de episodio construido con trozos mal cosidos que aterroriza en su primer tercio y aburre y avergüenza a partes iguales en los dos siguientes. Dany muere de forma totalmente insatisfactoria, casi tanto como fue la muerte de Cersei o el Rey de la Noche. D&D no saben. No saben de villanos; no saben de épica, no saben... nada. Jon no se enfrenta a ella. "Has quemado la ciudad! mujeres, hombres y niños", le dice; pero no sostiene su argumento, no rebate la tranquilidad de la reina loca, no le muestra la repugnancia que sus actos merecen. Y la apuñala en un abrazo; y así, Dany muere en brazos de su amor, y Drogon, su hijo, se la lleva a ultramar. Antes, pero, funde el trono: ahora Drogon es inteligente, sabe que la silla es el origen de todos los problemas y, aún reconociendo en Jon un Targaryen, se lo niega: si su madre no puede sentarse no se sentará nadie. 
Claro que poco podía confrontar Jon cuando le han dado el papel del calzonazos mayor del Reino: con la misma cara de bebé estreñido de Gusano Gris se ha pasado la temporada final de un lado para otro como un pollo sin cabeza, completamente ciego a todo lo que pasa. Ni vivir la atrocidad de la quema de la ciudad desde sus mismas calles ha bastado para convencerle de la absoluta necesidad de acabar con Dany. Tyrion ha tenido que argumentárselo, explicárselo paso a paso. Así, en su última temporada, Jon no ha decidido nada, no ha liderado nada, no ha asumido nada: le han tenido que llevar de la mano en todo. Jon, nacido Targaryen, destinado a todo... no ha hecho nada. No ha acabado con la Larga Noche; no ha asumido el trono, no reina en el norte.

Y así llegamos al tramo final: un tramo final que llega tras treinta minutos de metraje. Ahora, nos dicen, Tyrion y Jon son prisioneros de los Inmaculados. Omiten a los Dothraki, porque supongo que si ya es difícil creer que tras matar a su reina sobrevivieran un solo día en manos de los esclavos liberados, lo es mucho más aún que los Dothraki no les destrozaran entre cuatro caballos. Y vemos este concilio de notables descafeinado. Está el Norte; está el valle, y el río. Las islas del hierro y Dorne. Y, por alguna razón, Brienne y Davos, y Sam. Y Arya. Y es una puta broma. Todo. 
Cuando Edmure se levanta, se ve venir: va a presentarse candidato. Pero uno se resiste a creerlo. No puede ser. No pueden prestarse a una escena de bochorno así. Edmure va a introducir a Sansa, o a reclamar el derecho de Jon: quizás él era uno de los receptores de las cartas de Varys, y va a enderezar un poco su currículo haciendo algo útil y decente. 
Pero no. Edmure se postula para el trono. Edmure, que vendió al Pez Negro y rindió Aguasdulces a los asesinos de su hermana y sobrinos. Sansa le manda callar, pero yo habría firmado por un silencio definitivo de mano de Arya. Sam propone democracia, y todos ríen. D&D ya tienen el tipo de humor que les gusta: simplón, de vergüenza ajena. Yara insiste en su inquebrantable lealtad a la Targaryen durante exactamente dos segundos, el tiempo que tarda en aceptar la necesidad de escoger a otro rey: y así, los reinos pasan a ser una monarquía electiva al estilo del Sacro Imperio: se corona a Bran. ¡A Bran! de este modo D&D revelan su plan maestro: podía parecer que era el personaje más inútil de toda la serie, podía parecer que no hacía nada, pero todo tenía su razón de ser. Tenía un destino: convertirse en rey. Lo había visto. Estaba previsto. Bran es pues un Atreyu: todas sus desventuras, todo su viaje no tiene un fin en sí mismo: sólo el tejer de una historia, una narrativa atractiva sobre la que construir su derecho a reinar. 

A Jon hay que castigarle, aparentemente. Matar a una genocida es imperdonable. La mitad de los presentes ni siquiera habían jurado lealtad a Dany, y los que sí tendrían que estar besándole la capa por haberles librado de la pesadilla de su reinado de terror... pero quieren castigarle. Y le mandan a vestir el negro otra vez: a guardar un muro que no guarda nada, porque ya no hay nada más allá. Y el absurdo se añade al absurdo y la pila ya es mas alta que el muro. 



A Tyrion hay que castigarle también, y se le nombra mano del Rey. Y poco después preside su primera reunión. ¡Qué lejos estamos de la elegancia, la presencia, el poder que desprendían aquellos tiempos en que la presidía Tywin! que lejos de la dignidad de la mesa donde se sentaban Ned y Varys. Es todo una broma. Bronn es el señor de Altojardín y Davos... Davos es alguien importante, y Sam también, e intercambian pullas infantiles como un grupo de niños jugando a ser alguien: no queda nada de la gravedad de otros tiempos. Traen un libro, alguien ha escrito la crónica de estos años de guerra, ¡y es el título de la saga! y pulla otra vez, Tyrion no aparece. Porque, supongo, no hace falta mencionar al que fue tres veces mano del Rey, heredero último de una de las grandes casas y jugador decisivo en los últimos días del juego de tronos. Una vez más se sacrifica toda lógica en honor al chiste fácil. 
Mientrastanto, en el Norte, ahora reino independiente, coronan a Sansa. Después de todo lo que hemos visto, es quizás la única satisfacción que podemos sacar de todo esto. Sansa la sensata sí termina como debe. Jon se va, abandona el Castillo Negro y en un último fuck you mas que merecido, abandona Poniente acompañado de Fantasma - ¡bien! - por la vida mucho más sencilla entre los así llamados salvajes.
En todo este largo episodio, solo puedo reconocer tres momentos emotivos: Tyrion, encontrando a sus hermanos muertos es el primero. Después de la genial despedida con Jaime en la que ambos actores bordaron una escena perfecta, después de que los gemelos murieran aplastados, convenía una clausura. El segundo, Drogon con el cuerpo de Dany, la desesperación del hijo huérfano, del último dragón que marcha hacia el oeste. Y el último, Jon reunido con Fantasma, que ahora sí, puede acariciar. 

Y así termina la serie. Una parte terror, dos de vergüenza y solo una pizca de emoción. 

Pero Fandom remembers, Weiss y Benioff. Recordamos estos diálogos, estas tramas, estos grandes momentos que George os dio. La intriga, cuando no todo residía en hacer estallar cosas. La lenta y minuciosa evolución de estos personajes. Y, sí, el impacto: la ejecución de Ned; el Norte aclamando al joven lobo. Una sombra que nace para matar a Renly, Daenerys que renace entre llamas con tres dragones en sus brazos. Recordamos la boda roja. Recordamos la púrpura; las muertes de reyes, caballeros y lores. Y maestros esclavistas. Y maestres leales. El duelo de Oberyn en el juicio de Tyrion, y el juicio de Tyrion con una ballesta en las manos. Recordamos el norte, el muro, a Ygritte y a Jon: a Lord Mormont y al Maestre Aemon,  a Mance Ryder y sus pueblos libres. Nos acordamos de Sean Bean, que fue un Ned impecable. De Mark Addy y su Robert. De Michelle Fairley, cuya Catelyn se ahogó  con un corazón de piedra. De sus hijos y nietos: del Robb de Richard Madden. Del hubris de Oberyn, bordado por Pedro Pascal. De la dolorosa necesidad de encajar de Theon, del gran Alfie Allen. Y - nosotros sí - nos acordamos de Fantasma, Verano, Nymeria, Viento Gris, Peludo y Dama.  
Recordamos a tantos secundarios que elevaron sus papeles. Brynden Tully (Clive Russell), que se negó a rendir Aguasdulces. Olenna Tyrell (Diana Rigg), que tuvo la última palabra. Margaery (Natalie Dormer), la reina del verano. De Varys (Conleth Hill) y Barristan Selmy (Ian McElhinney), que murieron de noche y sin honor. De Hodor (Christian Nairn). Del avatar de la venganza, Sandor Clegane (Rory McCann). De Stannis el rígido (Stephen Dillane).
Nos acordamos de estos que lo dieron todo para que sus villanos fueran los más odiados de la historia de la TV: de Iwan Rheon como Ramsay Bolton , de Joffrey, ante quién Jack Gleeson sacrificó su carrera. Del Petyr de Aidan Gillen. De Charles Dance, que nos dio un Tywin colosal que dominaba cada escena como su personaje dominó Poniente. De Melisandre (Carice Van Houten), que vino de Asshai para... nada. 
Sobretodo nos acordamos de Tyrion el héroe trágico, Peter Dinklage, a quién volvisteis tonto las últimas temporadas cuando el material de George se agotó y condenasteis a un destino de bufón. De Lena Headey, de Cersei, a quién elevasteis a una maldad que ella hizo exquisita y acabó soterrada tras perderlo todo. De Nicolaj Coster-Waldau, Jaime, a quién negasteis la redención. De Gwendoline Christie, Brienne, convertida en segundo plato. Emilia Clarke, Dany, a quién volvisteis loca para que todo muriera entre llamas. Y a Kit Harrington, a Jon, el héroe prometido que nunca llegó a empuñar Portadora de la Luz, ni su destino, ni su vida entera. 
 Y nos acordamos ahora de vosotros, Weiss y Benioff, que nos hacéis la espera a George mucho mas dulce sabiendo que sea lo que sea lo que haga le dará mil vueltas a vuestra versión. Que más allá de donde os lo dejaron las novelas no habéis visto más que un culebrón mal urdido que salta de sorpresa a sorpresa, directo a un final de idea fija perdiendo todo por el camino. Que no habéis entendido nada. Que de la boda roja, de la decapitación de Ned, solo os quedasteis con lo superficial: el shock value, el giro inesperado, lo visual, y lo habéis aplicado al resto de forma indiscriminada. Y sí, visualmente el show nunca ha perdido su impacto: esta última temporada no ha sido la excepción. Estos dos últimos capítulos han sido brutales en este sentido, desde los planos de los dragones volando a la luz de la luna a la gloriosa escena de la batalla entre Cleganes, o estos momentos tan inspirados de Dany en el último episodio. Pero como tantas otras cosas que toca Hollywood, el continente se ha llevado por delante el contenido. Game of Thrones merecía algo mejor que vosotros: lo merecían los personajes, lo merecían sus actores, sus (otros) guionistas, especialistas, directores, figurantes: toda la gente que ha trabajado para convertirla en una gran serie. Lo merecíamos nosotros, los espectadores. Lo merecía George.
Habéis acabado con Juego de Tronos, pero Canción de hielo y fuego sigue; pronto - es un decir - la seguiremos en las librerías. Y la comentaremos. Y cuando sepamos como termina Daenerys en los libros, pensaremos en Emilia Clarke: a vosotros os queda el olvido de los mediocres. 


lunes, 13 de mayo de 2019

Game of Thrones 8x05: THIS is the end, my only friend

Ocho temporadas, un cásting increíble, un presupuesto astronómico, un fenómeno mundial con millones de seguidores termina aquí; no en el episodio siguiente, el final oficial de la serie. Termina aquí. Aquí acaba todo, todo arde, todo muere. Aquí acaban las esperanzas de los fans, todo lo que uno haya invertido en este viaje tan largo. Aquí Weiss y Benniof pasan a la historia como dos de los mayores cretinos que la industria del entretenimiento haya visto nunca.

Me siento... estafado. Avergonzado, de vergüenza ajena. 
Primero fue la simplificación; el sacrificar tantas tramas, tantos personajes en pro del presupuesto y la brevedad. Así murieron Altojardín y los Tyrell, Dorne y los Martell. Así acabamos aceptando la realidad del teletransporte que permite recorrer los reinos de punta a punta entre episodio y episodio. Así nos dijeron que toda la larga noche se resumía en la ambición de una sola criatura, y que matándola - y cuan fácil era matarla: una sola puñalada en el vientre - se acababa el problema.

Después fue la muerte de la lógica: nada tenía sentido. Es fantasía, es cierto: pero la suspensión de la incredulidad tiene sus límites. Cuesta ver a los Dothraki cargar contra la nada solo para conseguir una bonita foto. Cuesta ver armar una trampa sin dientes para atrapar al Rey de la Noche. Cuesta, en el marco de la narración que venimos siguiendo desde la primera temporada, aceptar el movimiento de trilero con el foco final. Cuesta aceptar el poderío de la flota de hierro, su ubicuidad y la capacidad de sus balistas. Si no respira un cierto realismo la serie pierde todo el gancho; no hay intriga, no hay sorpresa, porque no hay causalidad.

Finalmente ha llegado la muerte del sentimiento: ya no hay implicación emocional. Algunos de los grandes momentos de temporadas pasadas que eran fruto de la simplificación extrema de las cosas  por lo menos resultaban intensos, emocionales. Así viví el estallido del Septo de Baelor, que se narró de un modo que me parece magistral; y el suicidio de Tommen, aún sabiendo que todo se hacía de aquel modo solo para limpiar el tablero de tantos personajes. Así viví el juicio de Petyr. Ahora esta temporada remata este vínculo emocional, lo corta: los personajes ya no son nuestros personajes. Están retorcidos; actúan de un modo que no podemos comprender, enfrentados a dilemas que no parecen tales, atrapados en contradicciones. Son desconocidos. Y así, cuando van cayendo, no podría importarnos menos. 
Personalmente me he ido convirtiendo en un gran fan de Lena Headey: nunca lo habría dicho, porque la Cersei de los libros no me emociona especialmente. Pero en la serie, gracias a ella y a que siento especial debilidad para los villanos con estilo llegué a amarla. Y hoy, cuando tenía que presenciar el derrumbe de sus sueños y esperanzas, cuando todo hacía prever una intensa despedida... no he sentido nada. Porque esta ya no es Cersei: no es la Cersei que nos habían presentado. La de hoy es una estatua de carne que, desde un balcón, observa sin reacción como todo se derrumba: se revela que toda su seguridad estaba construida sobre el barro, que no tenía ninguna carta en la manga, ninguna posibilidad des del principio. En una batalla tan absolutamente desequilibrada no hay interés, ni implicación. No es épica; es una matanza sin sentido.

El mismo sinsentido se extiende al resto de personajes. El Varys que, sabiendo que aquella no es una reina que merezca la pena servir, se queda en Rocadragón y se deja capturar... no es mi Varys. No es mi Varys el que, pese a saber que el reino sufrirá, se rinde y camina hacia la muerte.
Ni es mi Tyrion el que lo traiciona; el que vive bajo el miedo a enfurecer al dragón, a despertar la cólera de esta reina que merece la pena servir hasta el punto de traicionar a sus amigos y a sus principios. No es mi Tyrion este que no puede ver más allá de su retorcida nariz  y comprender que se ha equivocado de bando, comprenderlo a tiempo de salvar a tantos.
No es mi Jon el que sigue a Dany ciegamente. Cegado por el amor o por la estupidez; cegado por el deseo de creer en algo, o por el miedo a que le toque sentarse en el trono. No es mi Jon el que asedia Desembarco del Rey sabiendo que arderá.

El tono del episodio se establece muy rápidamente con esta traición esencial, cuando comprendemos desde el minuto uno, con la muerte de Varys, que podemos predecir exactamente lo que va a pasar, paso a paso.

Así, cuando el Draconis est Machina cae del cielo sobre la armada invencible y de pronto las balistas ya no disparan una andanada tras otra con mortal precisión, ni las apoyan las apostadas en la muralla... nos da igual. 
Cuando Drogon cruza la ciudad entera des del puerto sin que nadie de la voz de alarma, sin que las torres den el aviso o disparen una sola flecha y revienta la muralla - dos metros de piedra por lo menos - aplastando la compañía dorada... nos da igual.
Cuando repican las campanas, y Jon suspira aliviado... para asistir acto seguido a la mayor locura que un Targaryen haya perpetrado nunca, no sé si nos da igual pero lo que está claro es que no nos sorprende. Dany se tira literalmente medio episodio arrasando la ciudad. No los puntos clave; no las casernas de la guardia, las torres, la Fortaleza Roja. Lo arrasa todo, calle a calle, en una muestra de destrucción tan indiscriminada que no hay por donde empezar a explicarla. Porque, recordemos, no es que haya soltado a Drogon para que lo queme todo: ella está allí, guiándole en todo momento.

Así es todo el episodio: un sinsentido. Podríamos seguir y la conclusión sería la misma en cada caso. ¿Arya viajando desde Invernalia? ¿Para qué? cuando llega, el Perro le dice que se vaya, y ella se va. ¿Es lo que haría Arya, la Arya de temporadas pasadas?
Cuándo Euron el náufrago pone pie a tierra en el lugar y momento precisos para interceptar a Jaime, le apuñala varias veces y aún así no consigue evitar que el Lannister escale camino arriba hasta Cersei; cuando Qyburn el nigromante resulta que no tiene ningún control sobre su creación; cuando Gregor y Sandor se enfrentan en un duelo y caen a un mar de fuego; todo tiene este aire de puro trámite, de cerrar tramas deprisa.
El encuentro de Cersei y Jaime tiene cierto interés; es quizás el único en todo el episodio. Que la runa los cubra es una muerte absolutamente anticlimática, pero como suele decirse, nadie está muerto hasta que se ve un cuerpo, y por lo menos Cersei aún podría aparecer en el último capítulo.

Si - para mi - la falta de compromiso con la realidad de los personajes mata el episodio, lo que lo remata definitivamente es la falta de atmósfera: nada de lo que pasa me parece bien construido. Ni la música, ni el ritmo narrativo, ni los giros argumentales, nada crea tensión o drama. Cersei, Dany, Tyrion y Jon, que deberían ser los puntales del episodio, aparecen poco y reaccionan menos; ceden espacio a Arya. Vemos a Tyrion andar entre los escombros, y no le vemos reaccionar. Vemos a los Clegane peleando y no hay... fuerza, no hay épica en el duelo: la resolución es correcta - los dos precipitándose a un abismo de fuego - pero no satisface del todo. El reencuentro entre Jaime y Cersei es breve, blando. Con la carga de los Dothraki en el ep. 3 por lo menos teníamos una decisión estúpida que obedecía a un interés legítimo, el de crear una escena impactante. Aquí no hay contrapartida a tanta estupidez.

Ahora queda un episodio: y sabemos mas o menos qué va a pasar. A la pregunta de qué hacía Arya a Desembarco del Rey le daremos una respuesta: cargaba las pilas del enfado, la ira justiciera que sin duda caerá contra Dany por tanto fuego y destrucción. Querrá vengar a la niña y a su madre, perfectamente a salvo dentro de una casa hasta que Arya las hace salir - moriréis si os quedáis aquí - para que mueran cinco segundos después. Jon y Tyrion estarán horrorizados por lo que ha hecho Dany - ¡oh, no se podía saber! - y llenos de remordimiento: esta será al final la única función de Varys, servir para alimentar el remordimiento de este par. Sansa tenía razón, Dany exigirá su obediencia, y veremos cuanto tarda Jon en cortarle la cabeza para convertirse en rey. Lo único que me genera un poco de curiosidad es saber si Bran controlará finalmente a Drogon para anular la principal ventaja de Dany. Lo demás, me da igual.
¡Bravo, Weiss y Bennioff! Os habéis cargado Game of Thrones. Y ante esto solo me queda decir... Ayudanos, George R. R. Martin. Eres nuestra única esperanza.

lunes, 6 de mayo de 2019

Game of Thrones 8x04: Recta final y una teoría

En declaraciones recientes decía George R. Martin que su final no va a diferir tanto del de la serie. Es difícil no preguntarse en qué sentido; gran parte de lo que estamos viendo en pantalla no parece que pueda trasladarse a las novelas.
En las novelas no existe la figura del Rey de la Noche; o, por lo menos, no es el mismo tipo de personaje. En las novelas Altojardín, Dorne y Roca Casterly no pueden caer con la vergonzante facilidad con que cayeron en TV, entre otras cosas porque aunque Loras y Margaery pudieran morir en Desembarco del Rey hay otros dos hermanos Tyrell, Garlan y Willas. En las novelas Bran apenas ha completado su viaje. En las novelas Stannis aún sigue vivo. No tengo ninguna duda de que, cuando finalmente Martin retome la historia, el modo que elija para resolver tantísimas tramas será mucho menos simple que el que han escogido Weiss y Benioff.

La semana pasada comentaba que, viendo el tercer capítulo de esta última temporada me sentí, sobretodo, engañado. 
Es cierto que en retrospectiva y considerando la narrativa de la adaptación de HBO, que Arya Stark matara el Rey de la Noche puede tener algún sentido. No lo tiene bajo las claves de la fantasía épica ni según la mitología interna de Poniente, pero igual sí dentro del show. Pero para mi este era un tema menor; la gravedad residía en el foco de estos últimos episodios.
Llevamos años, ocho temporadas oyendo esto del invierno que se acerca; temiendo a los Caminantes Blancos. El foco era este. Este era el gran enemigo a batir: el anillo a destruir, el señor oscuro a destronar. El mal venía del norte, la noche eterna, y parecía que teníamos mas o menos claro que las peleas entre los señores de Poniente eran solo esto, peleas mezquinas, pequeñeces comparadas con la envergadura de lo que estaba por venir.
Bien; en la serie nos equivocábamos. En la serie el gran mal, el gran enemigo, la noche eterna es cosa que se ventila en un solo episodio y de una sola puñalada. Tras usar este manido recurso del "muere el jefe, mueren todos" que simplifica enormemente el problema, y reducir el problema a alguna clase de cruzada personal de esta criatura, el Rey de la Noche, vencer el invierno era cosa fácil. Si lo pensamos, si solo era cuestión de apuñalar con obsidiana o hierro Valyrio a la criatura, incluso podría haber terminado mucho antes y con menos bajas. Encima, el Rey de la Noche era un Darth Maul frío sin ningún carisma que, en su último ataque, ni siquiera acabó con suficientes de estos personajes con quienes llevamos tanto tiempo como para que se pudiera calificar de tragedia. En su ataque, en su derrota, no hay apenas emoción. Ni la hay tras la victoria. No hay espacio para la euforia de una fiesta en Endor, para la coronación de un nuevo rey. No queda espacio... porque está Cersei.
Y Cersei resulta ser el foco. Tampoco es tan sorprendente, si uno se para a pensarlo. Al fin y al cabo su desarrollo como personaje es el más fascinante de la saga, Lena Headey fácilmente puede ser su mejor actriz y en contra del Rey, ella desprende carisma. Solo con levantar una ceja da mas mal rollo que cualquier lanza helada que empuñara el Darth Maul de hielo.
Esta fue mi sorpresa: el anillo había caído al fuego, pero lo que interesaba, lo que de verdad queríamos ver, era la reconquista de la comarca de manos de Saruman. Estábamos mirando acercarse a un pequeño monstruo helado cuando la verdadera bestia, una leona herida, se agazapaba en el sur.

Bien, en este cuarto episodio ha llegado el momento del verdadero clímax: vayamos a por Cersei. Y viendo como se enfoca el asunto, me da que igual se pretende apelar a una interpretación simbólica del mito de Azor Ahai y la larga noche.

Quizás - igual que Melissandre - interpretamos de un modo demasiado literal el sentido de la profecía. Quizás la larga noche no venía de la mano de este ser despechado, destinado al fracaso. Quizás no era él quien tenía que morir para que el mundo viviera. 
Quizás la larga noche es el reinado de otro monarca despechado. Otro monarca loco. 
Quizás la larga noche es el reinado de Daenerys, y Azor Ahai, Jon, el héroe destinado a ponerle fin matándola y asumiendo el trono. 

Porque asumámoslo: Daenerys ya hace tiempo que ha dejado de parecer del todo cuerda. En temporadas pasadas la hemos visto arrasar ciudades enteras, pasar por la espada a sus poblaciones para que todo encajara en su marco de "un mundo justo". La hemos visto quemar vivos a sus oponentes cuando no quisieron arrodillarse. La hemos visto colérica y arrogante; rodeada de buenos consejeros que, cada vez más, temen despertar al dragón.
Daenerys lleva des del principio refugiándose en su "derecho" sobre el trono. Uno puede argumentar que este derecho lo obtuvieron los Targaryen por medio de la conquista y la muerte, y que del mismo modo les fue arrebatado; no hay ley divina o humana que haga que Aegon sea más legítimo que Robert, ni éste más que Rob, Stannis o los varios reyes que hemos visto desfilar. El Rey es quien ocupa el trono: se puede vestir esta verdad desnuda como se quiera. Cuando Daenerys habla sobre su derecho, ¿cuan distinto es su planteamiento del de un maestro esclavista que afirma tener derecho sobre la vida y la muerte de un esclavo? Cree que los Siete Reinos son suyos; y los tomará pase lo que pase. Incluso si ahora aceptamos su punto de vista, resulta que ni siquiera así tiene razón: hay otro heredero Targaryen, y tiene más derecho al trono que ella. ¿De qué modo puede afectar a su cordura esta verdad? Todo su persona está construida entorno a una única cosa: ella es la reina verdadera. Quítaselo, y mata a sus dragones... y se derrumba a ojos vista. 

Así, llegamos a lo que hemos visto hoy. Todos temen a Daenerys. La teme Varys, que la ve como un tirano. La teme Tyrion, que intenta desesperadamente convencerse que es el monarca que merece la pena servir. Los Stark la temen y desconfían de ella. Es irascible; exige obediencia absoluta des del primer segundo. No se gana el amor de nadie, se gana su miedo. De sentarse en el trono de hierro, ¿hay alguna duda a estas alturas de si los maestres del futuro la contarán del lado de los Targaryen locos o los cuerdos? Y qué es el largo reinado de una Reina joven y completamente loca sino una larga noche?

Igual esta es la vía que Benioff y Weiss persiguen. Igual mientras algunos nos quejábamos del tercer episodio nos pasaba por alto un movimiento sutil que, cuanto más lo pienso, más lo aprecio. En el siguiente capítulo veremos de qué modo piensa Daenerys arrasar Desembarco del Rey, pues no cabe duda que, por muchos consejos en contra que le den, esto es exactamente lo que hará. Hoy la hemos visto débil. Rhaegal ha muerto de un modo bochornoso, y la flota Targaryen ha quedado diezmada. Quizás en el quinto aparecerá con un enorme ejército salido de quien sabe donde y tendremos nuestra respuesta: aunque podría limitarse a comprar unas cuantas de estas fantásticas balistas de carga ultrarrápida y nadie en los siete reinos podría pararla. Mientrastanto las semillas de su derrota ya se han sembrado; sus consejeros conspiran contra ella, la Señora del Norte no se dobla, y solo uno de sus siervos fanáticos queda vivo.

Una vez se siente en el trono, veremos si Jon aún puede ser Azor Ahai. 
Y algún día, en un futuro muy, muy lejano, si resulta que mi teoría es cierta... veremos si Martin se refería a esto cuando hablaba de un final similar.



martes, 30 de abril de 2019

Game of Thrones, tercer capítulo: mi extremadamente spoileante opinión

Vale, acabo de ver el capítulo.
Dicen que no es bueno escribir en caliente, pero uno no tiene paciencia para otra cosa. Habrá spoilers por todas partes, quede todo el mundo advertido. 

Spoilers pronto....

....


...

...

Casi...





...

...

...

...

...

...


Ya.

...

..

.


Pues... odio este episodio. De arriba abajo. No estoy seguro en este momento de cual es el sentir general del fandom; por lo que he visto, las reacciones han sido tirando a positivas. Cada cual se fija en lo que le da la gana; algunos valoran la cinematografía, otros el increíble nivel de la producción, o la calidad de las actuaciones.
Para mi siempre ha sido muy importante el argumento, el desarrollo de la trama, la lógica interna. Y es aquí donde para mi todo falla. 

Veamos, la batalla en sí es confusa. Igual no hay otro remedio: la ventisca, la noche, el choque de ambos bandos, esta luz anaranjada. Favorece la impresión de un ambiente caótico, infernal, y bastante literal en la contraposición fuego/hielo. Así que confusa, pero no está mal. Y nos da algunos grandes momentos, como el vuelo de los dragones a la luz de la luna, o lo bonita que es la carga de los Dothraki, con su metáfora subyacente. 

Pero por lo demás... es que no tiene ningún sentido.

Por puntos:

1. El asalto a Invernalia. 

Tenemos dos bandos: vivos y muertos. El de los muertos es incomparablemente más numeroso. Tanto, que ni siquiera será un combate: ellos avanzarán y barrerán con todo. El de los vivos cuenta con una de las mayores fortalezas de los siete reinos. Parece lógico que la usen: cuando el enemigo te supera en número, buscar la ventaja de la plaza fuerte es lo lógico. Es lo que hace Jon en la anterior temporada cuando, rodeados de muertos, él y sus expedicionarios se refugian en una isla de difícil acceso.
Aquí no; aquí preparan una batalla a campo abierto. No se refugian tras las murallas; no montan tras ellas los trebuchets y las catapultas, no montan guardia sobre los muros. No le veo sentido alguno. El resultado de la estrategia es el previsible: tras intercambiar unas cuantas estocadas y presenciar estas impresionantes oleadas de zombies, todo el mundo se retira al interior.

2. La carga de los Dothraki

Cientos, quizás miles de Dothraki forman ante las puertas del castillo. Llegado el momento, aparece Melisandre y lanza un hechizo sobre los Arakhs de los jinetes: ahora arden. Igual tiene alguna utilidad, igual matan con solo un toque, igual...
Pero no: solo arden. Así, cuando los Dothraki cargan contra un enemigo al que no pueden ver, y que sin embargo no necesita verles para avasallarles, como espectadores podemos disfrutar de una imagen mucho más bonita; el apagarse de las llamas, una a una. Es ominoso. Sirve a este objetivo. Pero no a ninguna lógica interna, a nada que tenga sentido dentro de la serie. Así, todos estos Dothraki, que han acompañado a su Khalessi desde los mares de hierba, mueren de forma completamente estúpida e inútil, porque su carga ni siquiera sirve para ralenitzar a un enemigo imparable o reducir el número de un enemigo innumerable.

3. La trampa de Bran 

Aparentemente el objetivo del Rey de la Noche es acabar con Bran; es la memoria del mundo. Así, deciden usarlo de cebo: le aislan en el jardín de los dioses, y cuando el Rey vaya a por él, lo matarán. Para ello le dejan a cuatro don nadies y a Theon como guardianes. Cuando llega la criatura, con todos sus Caminantes Blancos, resulta que ninguno de los grandes campeones, incluyendo a Jon, está lo bastante cerca como para cerrar la (supuesta) trampa. Considerando que el futuro del mundo se juega a esta única carta, atrapar al Rey y matarle... la preparación es demencialmente mala.

4. El propio Bran 

¿Qué sentido tiene el personaje de Bran? Todo su desarrollo, todo su potencial, todo su viaje, todo aquello que se espera que sea, que se espera que haga... queda en nada. Nada de lo que ve es nuevo; solo sirve para apoyar algo que ya está casi decidido (la ejecución de Petyr) o confirmar lo que Sam ya había descubierto y tenía documentado. Bran podría haber muerto hace dos o tres temporadas y absolutamente nada habría cambiado. Y esto no sería criticable si la historia de Bran fuera simplemente la de un superviviente: el extraño viaje de uno de los últimos Stark más allá del muro. Una aventura inverosímil que acaba bien cuando el chico regresa a casa. Pero este no era su propósito: había algo grande, un destino esperándole. Parece que consistía en pasarse el día mirando al infinito en invernalia mientras el resto se ocupa de todo.

5. Arya asesina al rey de la noche 

Arya. Arya asesina al rey de la noche. Una fan favourite. Cae bien. Es capaz. Pero... no es el héroe. Se puede ver como un mérito, una inteligente vuelta de tuerca de los convencionalismos de la fantasía épica... o como una estupidez más, otra pérdida de tiempo.
Porque, veamos; ¿No era Jon Azor Ahai? ¿No era el héroe prometido, que acabaría con la amenaza de la larga noche empuñando La Portadora de Luz? Melisandre viajó a Poniente expresamente para encontrar a Azor; creyó en Stannis, le fabricó una espada falsa, después creyó en Jon... y no hacía falta, porque Azor Ahai, sea quien sea, exista o no, no tiene ningún papel. Igual soy anticuado: pero algunos arquetipos se respetan por buenas razones. A Palpatine no le derrota Chewacca, por mucho que todos adoremos al Wookie. Aquí la gran amenaza muere sin más, se desintegra tras una sola puñalada, sin que en su batalla final haya muerto mas que un puñado contado de personajes.

6. El foco de la historia 

Tras ocho temporadas insistiendo en la proximidad del invierno, tras ocho temporadas reuniendo aliados contra los caminantes blancos, ocho buscando formas de matarles, ocho siguiendo sus movimientos tras el muro, tras miles de años de vigía de la guardia de la noche... resulta que ni siquiera son el clímax de la última temporada. 
El clímax será Cersei.
Con el Rey de la noche no hay ninguna implicación emocional. Está totalmente desprovisto de carisma. En su gran batalla final, decía, no muere casi nadie importante. La épica, la tensión, el drama que los dos episodios previos habían construido queda en nada. De los caballeros de medianoche, que comparten el vino sabiendo que no verán un mañana... no muere ni uno. Viendo el episodio, me ha parecido casi como el cumplimiento de un trámite molesto pero necesario. Y esto es así porque no es el final en el que todo el mundo ha invertido emocionalmente: la verdadera gran batalla tendrá lugar en Desembarco del Rey. Y seguro que será una gran batalla; y que habrá grandes momentos de tensión, drama y de horror. Allí sí morirá medio casting; con la balista que les tienen preparada, igual un dragón o dos. Buscando otro símil, es como si en LOTR el momento culminante no fuera tirar el anillo al fuego sino rescatar la comarca de las garras de Saruman. No digo que no esté bien: solo que me parece extravagante que lo que era una anécdota se convierta en el centro de la historia.

Y sí, el episodio también tiene buenos momentos. La redención de Theon no es la que yo esperaba; estaba convencido de que renacería a hierro y sal, quemados sus vicios por el dolor y la marea, convertido en el gran líder de los Greyjoy. Espero que este sea el destino del Theon literario. Aún así, me parece un buen cierre para el personaje; expiando la culpa al morir defendiendo a quienes traicionó, y estas últimas palabras de Bran que le consolarán en sus últimos segundos de vida.
O la Arya terminator en los pasillos de Invernalia, con sus dos paladines; o este momento en que Jon decide ponerse enfrente al dragón de hielo. Esto ha merecido la pena. Pero el balance me sale negativo.

Finalmente, comentar que sí, se entiende que el propósito tras los puntos 1 y 2 es despejar un poco el campo de batalla y equilibrar la balanza; Daenerys con dos dragones y sus Dothraki e inmaculados es demasiado para Cersei. Puedo ver la necesidad de balancearlo. Pero ¿era necesario que fuera de un modo tan torpe? No hay tiempo de hacer nada mejor, de desarrollarlo de otro modo: por esto mismo se cargaron Altojardín, Dorne y Roca Casterly en un solo episodio. Por falta de tiempo. Se entiende... pero tiene un aura de patetismo.
Y lo mismo con lo de "matar al rey destruye todo el ejército". Un modo muy fácil, rápido y casi tramposo de solucionar un problema monumental. Pero uno se pregunta: si todo se podía resolver matando UN solo individuo... Por qué en los viejos tiempos, cuando había abundancia de dragones y magia, cuando la amenaza del norte no era leyenda sino realidad... ¿Por qué se optó por construir un muro descomunal en lugar de cazar al problemático Rey de hielo y acabar con la amenaza para siempre?
Al final de este episodio, recuerdo el lema entorno al cual gira la serie entera. Winter is Coming. Y solo puedo pensar... ok. So what?