martes, 16 de agosto de 2016

"Making a Murderer", una historia de terror - Novedades sobre el caso Dassey

Ha pasado un tiempo desde que Netflix sorprendió al mundo con "Making a Murderer", un espectacular documental cuya realidad superaba - ampliamente - la más retorcida de las tramas de ficción.



Los diez episodios de la primera temporada (la segunda se confirmó apenas emitida la primera, visto el éxito cosechado) seguían la historia de Steven Avery, acusado y condenado (injustamente o no) en dos ocasiones por delitos de extrema gravedad. Mediante cliffhangers, trucos narrativos (flashbacks, flashforwards, testimonios independientes valorando las pruebas, entrevistas a las familias) destinados a hacernos más digerible la montaña de información que nos caería encima las productoras Laura Ricciardi y Moira Demos consiguieron crear algo adictivo. La historia tenía de todo: villanos, víctimas, héroes e inesperados giros del destino; pero sobretodo tenía algo que no se puede superar: era cierta.

Muchos nos preguntamos durante el proceso de binge watching si lo que estábamos viendo no sería, en realidad, una ficción muy bien urdida. Yo mismo evité comprobarlo, preferí esperar al final para correr al PC y sumergirme en los hilos de Reddit. Y es que parecía imposible creerse lo que nos estaban contando, de tan rocambolesco. Y tan terrorífico. Porque por encima de todo, si aquello era cierto... era más que inquietante: era pavoroso. Era una prueba más (pero mejor documentada que la mayoría) de las injusticias del sistema, de las que todos podíamos ser víctima.

Hoy mismo me entero de que la condena a Brendan Dassey, sobrino de Avery, relacionada con la de su tío, va a ser anulada. Parece un buen momento para repasar brevemente lo que nos enseñó el documental, la polémica subsiguiente y el cómo ha evolucionado la situación hasta hoy.

Making a Murderer: una historia de terror


Vamos de dejar de lado, para empezar, toda intención de convertirnos en jueces de Steven Avery: concuerdo en que, como parte de la crítica ha afirmado, esta parece ser la intención del documental, intentar posicionarnos a su favor como si de un jurado se tratara: pero aquí intentaremos ceñirnos a los hechos.

Y el primer hecho es la primera condena de Steven Avery; una condena por violación que, tras mantenerle dieciocho años entre rejas fue anulada. ¿La razón? nuevas pruebas de ADN demostraban que el asaltante había sido otro. Las declaraciones de los agentes de policía que llevaron a cabo la detención eran contradictorias y deficientes; y lo que es peor, mostraban una mala praxis intolerable. Según parecía, Avery estaba en la lista negra de la policía local y ante la denuncia de violación ésta decidió cargarle el muerto llegando a manipular a la víctima (que no había visto claramente al violador) para que le identificara.



Los primeros episodios del documental siguen este caso; las declaraciones de los implicados, de las propias víctimas, fiscales y agentes. La conclusión parece clara: Avery era inocente, y el focalizar en él la investigación ignorando otras posibilidades el verdadero culpable quedó en libertad, ocasión que aprovechó para cometer otras violaciones. Parece "Cadena Perpétua", de Stephen King. Solo que esto es un caso real; este hombre realmente pasó dieciocho años en prisión por un delito que no había cometido. Es imposible imaginar el daño que algo así puede hacer. Las declaraciones de los implicados en su condena sobrepasan lo obsceno, actuando con una desfachatez que como espectador cuesta soportar con tranquilidad. Así, ya desde el principio, empezamos a simpatizar con Avery.
Tras haberse probado su inocencia, Avery presentó una demanda millonaria a la fiscalía del condado y al departamento del Sheriff que, según afirma, le habían incriminado. Demanda millonaria que tenía todas las posibilidades de ganar.

Solo que al poco de haberla presentado, Avery es detenido de nuevo. Esta vez acusado de asesinato.
Se le acusaba, concretamente, del asesinato de la fotógrafa Teresa Halbach, desaparecida días antes, y que había sido vista con vida por última vez cuando se dirigía al desguace de coches usados de los Avery.
¿Qué había pasado?
Los siguientes episodios exploran el cúmulo de despropósitos que rodean primero la investigación y luego el juicio. Tenemos infinidad de datos que, vistos de un modo tan objetivo como sea posible, no parecen tener sentido; más adelante repasaremos algunos.
Pero aunque pequeños elementos sorprendentes  - y muchos más que llegarían durante el juicio - plantaron la duda en las mentes de millones de espectadores, ninguno resultó tan profundamente perturbador como la confesión del sobrino del acusado, Brendan Dassey, entonces de dieciséis años de edad.

Brendan - como resulta evidente al espectador - tiene alguna clase de minusvalía intelectual; aprovechándose de la situación, los investigadores consiguieron interrogarlo en solitario. En solitario, sin la presencia de su abogado, o de su madre, o de cualquier tipo de testigo imparcial. En este interrogatorio presionaron durante horas. Todo quedó grabado en los vídeos: la reiteración de las preguntas, dirigidas a condicionar unas respuestas. Dassey, cada vez más agotado, dándoles la razón en todo. Y el momento de mayor vergüenza: cuando directamente le dan la respuesta que quieren oír. No voy a entrar en detalles por si alguien no ha visto aún el documental, pero sí creo que merece la pena mencionar algo estremecedor: en un momento dado el chico pregunta si, de confesar, podrá salir pronto porque al día siguiente tiene un examen. Es decir, están interrogándole acerca de su implicación en la violación y asesinato de Teresa Halbach y él pregunta si podrá salir a tiempo para un tema del instituto. ¿Es esta la pregunta, la disposición mental de alguien con todas sus facultades? El atropello a los derechos básicos de Dassey continúa con el abogado que le asignan de oficio, Len Kachinsky: éste permite que se le interrogue sin estar él presente. Kachinsky pacta con la fiscalía de espaldas a su cliente; en un momento dado envía a su propio investigador privado a que interrogue al chico otra vez. No un interrogatorio limpio destinado a descubrir la verdad, o la versión de Dassey, no; sino uno donde le da una hoja de papel y le pide que dibuje a Teresa desnuda, tumbada en una cama, y una pistola, y que marque en el dibujo el sitio donde le dispararon. No le da un lápiz y un papel para que dibuje lo que pasó: le dice qué dibujar y cómo y le intimida hasta que lo consigue. Y cuando lo ha conseguido llama a Kachinsky y le confirma que la cosa ha ido muy bien y ya tienen lo que necesitaban. Y lo que necesitaban era una conirmación. Ésta era la historia que había construido la fiscalía, que los agentes habían arrancado de Dassey y que ahora el inspector había "confirmado" con aún más detalles, nada menos que unos garabatos que el inculpado había dibujado. Todo de la mano del abogado defensor. Cuando Dassey, en una sesión del juicio, pide que le asignen otra defensa el juez le pregunta el por qué: "cree que soy culpable", dice Dassey. Al juez esto no le parece suficiente, y tendrá que pasar tiempo antes no se puedan desprender de este individuo.

Resumiendo, tras esta primera confesión la acusación construye una historia según la cual Steven Avery secuestró a Teresa después de que ella le visitara en el desguace; y, con la ayuda de Brendan, la violó y asesinó, para después quemar el cadáver en el mismo patio. Las pruebas contra Steven eran - o el documental así nos lo muestra - endebles en el mejor de los casos, y llenas de elementos sorprendentes: y aquí el documental no hace más que ponerlos sobre la mesa. La defensa intentaba sugerir que se trataba de un caso de implantación de pruebas.


Algunas preguntas clave en el caso de Steven Avery:

  • Si Avery había asesinado a Theresa en su caravana tal y como afirmaba la acusación, y además de un modo tan brutal... ¿Por qué no había ni un solo rastro de sangre en toda la parcela? Los forenses llegaron literalmente a levantar el suelo sin encontrar ninguno. 


  • Si Avery había asesinado a Theresa en su patio de desguace, ¿por qué no se había deshecho del coche triturándolo en lugar de ocultarlo, disponiendo como disponía de una compactadora?
  • La defensa encuentra una probeta de sangre, que se había guardado en el almacén de la policía del condado. Pertenecía a la investigación para la primera acusación de Avery hacía dieciocho años. La caja que contenía la probeta, precintada desde la conclusión de aquel caso, había sido abierta recientemente; y la goma que cerraba el vial mostraba la señal de una punción de hipodérmica. ¿Provendría de aquí la sangre encontrada en el coche? 
  • Si los agentes del condado que habían condenado previamente a Avery tenían prohibido entrar en la escena del crimen, ¿qué hacían allí? y más importante: ¿cómo habían encontrado las llaves del coche de Theresa en el dormitorio de Avery, a plena vista, cuando al resto de agentes les habían pasado por alto durante días? 


  • ¿Podían Avery y Dassey tener un juicio justo - con jurado - si les juzgaban en una zona donde la idea de su culpabilidad estaba tan implantada, desde el primer día en que el fiscal Ken Kratz describió con todo detalle en televisión su versión de lo que habían hecho? 
  • ¿Por qué uno de los agentes implicados en la primera inculpación a Avery - la violación - había llamado por teléfono para confirmar el número de matricula del coche de Theresa la noche antes de que lo encontraran en el patio de los Avery? 
  • ¿Por qué se estaba aceptando como válida una confesión obtenida bajo coerción psicológica? Confesión de la que, además, Brendan se retracta más tarde, y que es el único punto, el único, que le implica en el crimen. 
  • ¿Qué pasa con el jurado? por qué uno de los miembros se recusa, y por qué después del veredicto insiste en que hubo irregularidades, que otros miembros del mismo manipularon al resto para conseguir el veredicto de culpabilidad? 
  • Esta nueva inculpación era providencial para el condado: llegaba en un momento en que Avery les estaba demandando por más de treinta millones dólares. Gracias a tener que pagarse una defensa en condiciones tiene que abandonarla y aceptar pactar por unos pocos cientos de miles. ¿Casualidad? 

Estas y muchas otras preguntas no sirvieron de nada: no había espacio para la duda razonable.  Avery fue condenado. Las palabras del juez al finalizar de dictar sentencia resultan interesantes: "Una de las cosas que me impactan más es que, a medida que envejece, sus crímenes se han vuelto más graves. Este crimen se ha cometido cuando usted tenía cuarenta y tres años. Dada la tendencia, la sociedad tiene derecho a estar preocupada por la posibilidad muy real de reincidencia si alguna vez saliera de prisión ". Es decir, que el juez, quien supuestamente debería ser imparcial, estaba diciendo implícitamente que daba por buena la primera conducta de Avery, de la que ya había sido absuelto, estableciendo una carrera delictiva in crescendo desde la violación, a la violación + asesinato. Finalmente le consideraba culpable único de la muerte de Theresa y le condenaba a cadena perpetua.

Culpable único. Los que habíamos presenciado, horrorizados, las prácticas de los interrogadores de Brendan, respiramos medio aliviados; por lo menos al chico no le podrían cargar nada, y es que no existían pruebas contra él salvo su propia confesión coercionada.
Gran error. No solo se le juzga, sino que se le condena: culpable de homicidio en primer grado, violación y mutilación de un cadáver. Cadena perpetua con posibilidad de condicional en el 2048. A pesar de la edad de Brendan - 17 años en el momento del juicio - y de sus mermadas capacidades intelectuales se le juzga como a un adulto.

La controversia 


En su momento, no hace mucho, "Making a Murderer" fue trending mundial, un caso sin precedentes para una serie de este tipo. Todo el mundo hablaba del tema. Miles de teorías: todos jugando a ser detectives, a unir las piezas que el documental había dispuesto para nosotros como si se tratara de una novela policíaca. "Habrá sido el hermano de Theresa - decían algunos -, parece muy frío en las entrevistas y está demasiado convencido de la culpabilidad de Steven". "Será el novio de Theresa, ahí está el misterio de la llamada". "Habrá sido un Avery, pero no Steven". "Habrá sido Steven, pero no Brendan". Como si de ficción se tratara, cuando de lo que estábamos hablando era de un escándalo mayúsculo con la capacidad de destrozar para siempre vidas inocentes. A nadie se le escapa que la justicia no es, en contra de lo que se predica, imparcial; los jueces son al fin y al cabo humanos. No pueden juzgar con absoluta objetividad. Y los investigadores pueden desviar la investigación hacia los extremos que más les convenzan, ignorando indicios en el proceso. Y los forenses pueden fallar al indagar en las pruebas. Pero ¿dieciocho años en prisión por un delito no cometido? ¿abogados conspirando con fiscales para condenar a sus clientes? ¿detectives usando técnicas de interrogatorio avanzadas contra un chaval discapacitado? Esto no se ve cada día, pero posiblemente pasa mucho más de lo que creemos. La terrible verdad tras "Making a Murderer" es que cualquiera de nosotros puede caer víctima de una conspiración similar: cualquiera puede ser el protagonista de "El Proceso" de Kafka. Porque en el fondo ni siquiera es únicamente una conspiración: es sobretodo un cúmulo de mala suerte, ambición, pereza y falta de escrúpulos.

"Making a Murderer" puede ser un documental, pero es un documental con la narrativa de una novela; establece a un protagonista - Steven Avery - le rodea de secundarios (sus padres, su novia), muestra un conflicto (el caso) y unos villanos (Len Kachinski, Ken Kratz). Juega muy bien con los giros de argumentales, con la obtención de nuevas pruebas a favor y en contra, y se sirve de Brendan Dassey para conseguir que el espectador empatice con un protagonista. En este sentido sí juega con las herramientas de la ficción para transmitir un caso real.

El trabajo de las productoras se ha criticado como poco imparcial: Ken Kratz alega que no se le contactó para obtener su punto de vista - cosa que las productoras niegan - y que el metraje dejó fuera pruebas esenciales: Kachinski se ha negado a emitir ningún comunicado; el departamento del Sheriff mantiene que no se ha hecho nada de forma incorrecta. La familia de Theresa Halbach lamenta que se use su asesinato para beneficios televisivos, y considera que Netflix muestra únicamente "un lado de la historia". Desde la emisión también ha salido a la luz un escándalo rodeando el fiscal, Ken Kratz, quien habría - aparentemente - usado su posición para acosar sexualmente a clientas.

Pero lo que estamos debatiendo aquí no es la culpabilidad de Avery y Dassey; realmente no sé si mataron a Theresa Halbach. Pero estoy razonablemente seguro de que si lo hicieron, no fue como describió la fiscalía. Y estoy absolutamente convencido de que sus juicios fueron una vergüenza para el estado de derecho. El debate en "Making a Murderer" es acerca de los métodos: de las lagunas en la historia, no se trata de descubrir al criminal. Este es el mérito del documental, un documental que todo el mundo debería ver. Es una bofetada de realidad, un recordatorio de lo indefenso que puede estar el ciudadano cuando la maquinaria del estado - la de la justicia en este caso - decide tragarlo. Can fácil es manipular las cosas; cuanto depende uno de una buena defensa (que no siempre se podrá pagar) y de contar con una policía limpia y un juez imparcial. Cuan justo o injusto es un sistema que permite que Brendan Dassey haya pasado los últimos diez años en la cárcel.
"Making a Murderer" nos fuerza otra vez a preguntarnos acerca de la conveniencia de los juicios con jurado, un jurado que no está preparado para entender las complejidades de un crimen así; un jurado que difícilmente entenderá que alguien (Brendan) confiese un crimen que no ha cometido.

Finalmente, citando las palabras de uno de los abogados de Avery después de la condena: "[...] hay una parte de mi que sinceramente espera que Steven Avery sea culpable de este crimen. Porque la idea de que sea inocente, y en prisión otra vez por algo que no ha hecho, esta vez de por vida, sin posibilidad de condicional... no la soporto. Eso no lo puedo asumir. Y a Brendan Dassey... le sacaron una confesión demostrablemente falsa, a un chico con capacidades seriamente mermadas. Y esto me espanta muchísimo".


Dassey liberado 

Y así llegamos a la primera de las - espero - buenas noticias a venir; el pasado viernes un juez federal de Milwaukee decidió anular la condena a Dassey alegando "falsas promesas hechas por parte de los interrogadores y confesión involuntaria". 
El asunto, sin embargo, no es tan sencillo como para que Dassey pueda salir de la cárcel directamente; desde la decisión del juez el estado dispone de 90 días para aceptar la sentencia o bien recurrirla, lo que podría implicar celebrar un nuevo juicio. Está por ver como evolucionará la situación.

Mientrastanto, el asunto plantea nuevas preguntas: Si liberan a Brendan, ¿cómo se compensa a un chico que ha pasado de los 16 a los 26 en la cárcel por un delito que (dada la anulación) parece que no cometió?
¿Cómo afectaría la liberación de Dassey a la condena de su tío?
Y sobretodo: ¿Qué pasa con Len Kachinsky, responsable sin duda alguna de la peor defensa que se ha visto dentro o fuera de la pantalla? ¿Y los agentes, y el investigador privado que sometieron a Brendan a sendos interrogatorios? ¿Qué pasa con esta gente que, en el mejor de los casos, abusaron de su posición para encerrar a un culpable y en el peor abusaron para encerrar a un inocente? Repasad, por favor - pero con una tila al lado - el último episodio de la serie, que repasa las apelaciones rechazadas y muestra el testimonio de Kachinsky y otros. Criminal es poco para definirlos.

Len Kachinsky, el "abogado defensor"


Estamos ante lo que podría ser el primer paso de lo que los seguidores del documental (y el equipo del Midwest innocence project) vienen pidiendo des del final de la serie: un nuevo juicio, la oportunidad de reexaminar la evidencia y llegar a la conclusión que sea sin la interferencia de las sombras de corrupción que hubo en los primeros juicios. Estaremos atentos al desarrollo del caso.

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