viernes, 28 de octubre de 2016

Especial Halloween 2016: La Brujería. Primera parte: Breve historia de la brujería y brujas notables en la ficción



Estoy de la Wicca hasta las narices. Llamadme old school, purista o corto de miras; pero cuando pienso en brujería, dadme Blair y Salem y dejaos de cristales energéticos. Hierbas, auras, danzas; pastiche de mitos celtas, triples diosas de múltiples fuentes y cartomancia de salón victoriano. Eso es lo que algunos ven cuando giran la mirada al pasado; de aldea en aldea, en bosques oscuros, en claros bajo la luz de la luna brujas danzando e invocando el espíritu femenino para sintonizar los chakras con un trozo de amatista. No es para mi; muchas gracias. 

No, dádme Brujería clásica. Me da exactamente igual si se trata de una leyenda negra: como tal, es igualmente cool. Quiero viejas retorcidas; quiero pactos satánicos, aquelarres como los de antes presididos por un macho cabrío y una oscura figura, con un libro quizás, oculta entre las sombras. Quiero femmes fatales llenas de desdén para con el resto del mundo invocar el mal sobre desprevenidos innocentes. Quiero risas resquebrajadas resonar en la noche y, por la mañana, echar en falta a un compañero tragado por la sombra. Quiero pactos satánicos; fornicación con seres innombrables para engendrar cosas aún más oscuras. Quiero a tres arpías inclinadas ante un caldero en el páramo, llamando a Greymalkin y todo lo que obtengo son tres hermanas apelando al "poder de tres" (¿?) y una academia donde la bruja reina juega a ser Charles Xavier. Y no estoy en contra de actualizar los viejos mitos del terror; estoy muy a favor, si acaso. La ficción sobre la brujería "moderna" está bien para quien le guste, igual que los vampiros luciérnaga; todo tiene su publico. Si está bien hecha, como no es el caso ni de Embrujadas ni de American Horror Story: Covenant puedo formar parte de este público. 

Lo que es una lástima es cuando una escuela de hacer las cosas se vuelve tan mainstream que pasa a definir el concepto. Volviendo a los vampiros, actualmente "Vampiro" significa "romance" donde solía significar "terror". Del mismo modo "Bruja" ahora significa "pensamiento alternativo" más que, bueno, "terror". Ambas cosas son buenas: y pueden seguir evolucionando, sin duda lo harán. Dentro de diez años quizás saldrá una película o un libro que haga que al pensar en Vampiro nos vengan a la mente gusanos parasitarios, y entonces la obra de Guillermo del Toro puede convertirse en referencia cuando ahora es solo un secundario producto mediocre. Mientrastanto, no hace falta argumentar o defender el concepto mainstream; la bruja Wiccan, la bruja con superpoderes, armonizada con la naturaleza ya está a la orden del día. Pero sí creo que podemos (y debemos) reivindicar a la de la vieja escuela. Desvinculándola de su origen histórico; fuera cual fuera su origen, la Bruja como clásico del terror se hecha de menos. El presente monográfico rastreará, primero, estos orígenes; después, presentará algunas brujas ilustres. En las siguientes entregas repasaremos los elementos que acompañan la bruja para construir su mito, y finalmente, ofreceremos algunas recomendaciones. El esquema será como sigue, y se publicará en los próximos días: 

- Primera Parte: Breve historia de la brujería y brujas notables en la ficción.
- Segunda Parte: Elementos comunes de la leyenda: Aquelarres, familiares y prácticas. Juicios y métodos. 
- Tercera Parte: Recomendaciones. Ejemplos concretos de literatura, cine y cómic. 

Vayamos pues con la primera parte. 

Breve historia de la brujería


Antes de toparse con la iglesia, durante la antigüedad, la bruja gozaba de otra imagen; en la tradición grecorromana se le atribuía un comportamiento que luego la Iglesia calificaría de “Súcubo”; depredadoras sexuales que atraían al héroe con artimañas. Las mismas artimañas que, en la Grecia clásica o la Roma Imperial los clientes les pedirían para conquistar amores imposibles. Se creía que poseían la capacidad para cambiar de forma, o imponer una transmutación a sus víctimas (Circe transformando a los hombres de Ulises en cerdos). Al final, las brujas de la antigüedad – Romanas, Egipcias, Griegas – no eran otra cosa que sacerdotisas de determinados cultos y ante la sociedad no eran ni más ni menos reprochables que un ciudadano cualquiera, aunque sí más temidas. Se les atribuía un gran conocimiento de los ungüentos y pociones, que a menudo les servía para fines más oscuros: la bruja de este período es también una envenenadora. Ahí está Locusta, a quién se atribuye el envenenamiento del emperador Claudio. 



La persecución a la bruja no es algo tan temprano, extendido y masivo como comúnmente se piensa; los juicios de Salem datan de finales del siglo XVII y los últimos juicios por brujería tuvieron lugar a finales del XVIII.
Durante la alta edad media la brujería se consideraba una superstición y se veía con desdén. Se consideraba ignorancia campesina, con algún resto de paganismo y una buena parte de utilidad práctica: abortera, comadrona o herborista. Su posición como guardiana de cierto tipo de saber popular podía acarrear problemas, pero no implicaba una herejía ni era sujeto de especial atención por parte del clero.
Es a partir del siglo XIII que la cosa cambia; se asocia brujería a herejía; por tanto, ya no es una simple muestra de ignorancia sino un desafío a la iglesia y como tal empieza a castigarse. La primera ejecución en la hoguera data de 1275 en Toulouse. La fecha y el emplazamiento no son ninguna casualidad. En aquel entonces el mayor desafío al que se enfrentaba la fe militante era el credo Cátaro y el Valdense. Para el Cátaro – centrándonos en una de sus creencias más interesantes - Satán era el creador del mundo material y Dios el del mundo espiritual. Satán era por tanto una especie de Demiurgo rival a Dios. Los Valdenses defendían, en líneas generales, que no era necesario ningún intermediario entre el hombre y la divinidad; que cualquier hombre debidamente informado sobre la Bíblia podía difundir su palabra. Rechazaban la liturgia, el poder estatal de la iglesia y la misma idea de las iglesias – edificios – destinadas a culto; cualquier lugar servía para contactar con Dios. Es fácil ver por qué la Iglesia Romana atacó con todas sus fuerzas a ambas herejías: podríamos decir que el Cátaro atacaba la Cosmogonía que se habían montado los católicos, y el Valdense el sentido mismo de la iglesia, a la vez que ambos proponían alternativas al clero tradicional. Las armas de la iglesia contra la herejía fueron, primero, literales: cruzadas que aniquilaron a los herejes. Y segundo, ideológicas: implantar la idea del peligro de la herejía, de la divergencia respecto a la norma. La Bruja se convirtió de simple creyente en tontas supercherías en peligrosa sacerdotisa de Satán. Esta Bruja moldeada por el Cristianismo del siglo XIII ya no es ignorante, es mala; existe como opuesto al sacerdote, quien es un hombre sabio. Él guía el rebaño hacia el cielo; ella hacia el averno. Es una enemiga de la iglesia, y como tal, un excelente chivo expiatorio. A partir de este momento, se le puede atribuir toda maldad. Recordando al fiel que la bruja y sus adoración al diablo es fuente de condenación – terrenal, con el suplicio de la inquisición; y espiritual, con la condena al fuego eterno – se advierte a futuros teólogos acerca de los peligros de jugar con los conceptos de Dios y el Demonio.



Esta versión de la bruja perdura durante la baja edad media y llega hasta la edad moderna; los pilgrims la exportan al nuevo mundo, y allí tienen lugar los juicios por brujería mas famosos de la historia: los de Salem. Y es esta versión la que llega a nuestros días, ya como parte del imaginario colectivo mas que de una creencia en su existencia real: convertidas en uno más de los personajes del panteón del terror.
La de "La Bruja" clásica por tanto es una figura moldeada por interés: la misma encarnación de todo lo que durante siglos la iglesia ha enseñado a repudiar. Primero, es una mujer. Una mujer con poder, doble pecado; una mujer que no se inclina ante el Dios de Abraham, que rechaza la cruz. Es una mujer sola, alejada de la “santidad” de la familia. Es una mujer que, según estas antiguas leyendas, sacrifica niños y hace con ellos ungüentos, traicionando así incluso su naturaleza de madre. Es una mujer, en definitiva, que representa una extensión del papel de Eva en el jardín del Edén; condena al inocente, abraza el conocimiento prohibido instigada por la serpiente. Como Eva, dice la Iglesia, la Bruja es un ser débil: se equivoca, se deja llevar por el mal camino. Cuando la época clásica, la Bruja o hechicera era un poder indómito. Influenciado por las religiones Abrahámicas, basadas en un patriarcado incuestionable, lo que castiga la frase “no dejarás que una bruja viva” es, en el fondo, esta misma cualidad indómita, la inconformidad con la sumisión (intelectual, doméstica y de toda índole) femenina.

Se comprende por tanto que haya un deseo general de negar esta imagen distorsionada que nunca ha correspondido a personaje real alguno. Y en su lugar sustituirla por brujas paganas, portavoces de las religiones precedentes a las Abrahámicas, como si estas estuvieran ausentes de drama, muerte y dogma. Desde un punto de vista académico es lo acertado; desmontar la leyenda negra y mostrar lo que hay detrás.
En la ficción yo prefiero abrazar la visión católica de la bruja y decir: no es mala. Es fantástica. Fantásticamente ficticia, trágicamente ficticia por todas las que murieron por ello. Cuando se esgrime una palabra (¡Bruja!) como insulto, abrázala. Fíjate en lo que significa. Bruja, dicen, es la que se niega a someterse a la autoridad de la iglesia. Bien por ella. Bruja la que rompe el molde de lo que se espera de ella como mujer. Bien por ella. Bruja es la que esgrime un poder impío: bien por ella, quien pudiera esgrimirlo. Bruja la que evita la iglesia y vive en soledad, rodeada de gatos familiares en un cuchitril atiborrado de sus herramientas y fetiches: bien, bien por mi incluso, que en esto encajo y debo ser brujo. Hagamos de ella un héroe trágico, como el romanticismo hizo con Lucifer. 
Quizás este héroe trágico ya existe; si es así, encontrémosle. Hagamos un breve repaso a algunas brujas famosas.

Brujas ilustres
Las mitológicas

  • Medea
Medea. Qué personaje. No se ha explotado lo bastante; daría para una serie de la HBO. ¿Recordáis la historia de Jasón y los Argonautas? Sin Medea Jasón no se habría llevado el Vellocino. Medea, hija del rey de la Cólquida y sobrina de Circe (la de Ulises y los cerdos). Sacerdotisa de la diosa bruja Hécate. Traicionó a su padre por amor a Jasón, prestándole ayuda mágica para superar las pruebas y guía para esquivar el guardián del tesoro. Huyendo del reino paterno con Jasón y su tripulación, al ver que les perseguía su hermano el príncipe Apsirto urdió un estratagema para atraerlo a bordo, solo, de modo que Jasón pudiera asesinarle. Acto seguido Medea despedazó el cadáver y lo tiró por la borda: así, entretenido en recuperar los trozos, el rey tuvo que abandonar la persecución. Tiempo después Medea y Jasón se casarían, engendrando a dos hijos. El matrimonio no sería feliz: harto de Medea, Jasón planeó abandonarla por otra princesa que era mejor partido. Medea no se arredró; conjurando sobre un manto de rica tela lo imbuyó de una maldición y lo regaló a la feliz novia. Al ponérselo la pobre estalló en llamas; intentando apagar el fuego, el padre de la novia también murió. Para rematar la venganza contra Jasón, Medea asesinó a sus propios hijos; aunque, según la versión de Eurípides, se limitó a mandarles a la muerte al encargarles entregar el manto maldito, por lo que fueron culpados de la tragedia y ejecutados. Medea no murió en ninguna hoguera: ningún hombre, ningún héroe puso fin a su vida. Tras dejar a Jasón se casó con otros reyes, vagó por Grecia entera e Itália, donde fue adorada como una diosa, y finalmente murió de muerte natural tras lo cual ascendió al Olimpo para vivir eternamente entre los dioses. Lectura recomendada: Medea, de Eurípides.

  • Black Annis
Black Annis (Annis la negra) es un personaje legendario del folclore británico. Según dicen habita en una cueva en Lancashire; de piel azul y zarpas de hierro Annis es una pesadilla recurrente en el imaginario de Albión. Su origen se puede rastrear, según algunos, a antiguos cultos a diosas paganas. Diosa exiliada o demonio, Annis se dedicaba a secuestrar a niños para devorarles y colgar sus pieles en árboles, cerca de su cueva, para curtirlas. Una vez tratadas solía atárselas a la cintura a modo de falda. Adjunto una ilustración de Annis en la fantástica “Enciclopedia de las cosas que nunca existieron”, de Michael Page y Robert Ingpen (ilustrador) con la diabólica anciana sentada ante su cueva, rodeada de cráneos, pelo negro cual estropajo y piel azul, que de pequeño me impactó. Esta es, al final, su función; Annis es el hombre del saco británico. Podemos encontrar referencias a Black Annis en multitud de obras, desde Hellboy a Mundodisco; el personaje de Aliss Demurrage (la legendaria bruja con quien comparan a Yaya) se basa en Black Annis.
Si Medea representaba lo mejor de la bruja (actos viles aparte, era una mujer independiente y resoluta en un mundo de hombres; sus asesinatos, por crueles que fueran, no estaban muy lejos de las prácticas normales de aquellos tiempos), con cualidades redemptoras, Annis es la bruja-monstruo sin conexión con la humanidad. 

  • Baba Yaga
Así como Medea era un personaje humano complejo y Annis un demonio unidimensional, Baba Yaga es una criatura enigmática, infernal y benévola al mismo tiempo. Se ha dicho de ella que personifica el espíritu de la Rusia rural. Según los antiguos cuentos, la vieja Baba vivía en una casa con patas de pollo, rodeada por una cerca de iluminada con cráneos humanos a modo de palmatorias. Como Annis, Baba Yaga tenía características de monstruo; dientes de acero y una pierna esquelética, simbolizando su existencia a medio camino entre el reino de los muertos y el de los vivos; un poco como Hel, la diosa escandinava del inframundo, cuyo cuerpo estaba dividido en una mitad joven y una mitad vieja y decrépita. En estas historias Baba a veces era cruel, brutal: un monstruo devorador de niños, infatigable en la venganza, recorriendo Rusia dentro de un mortero volador que impulsaba con su escoba. En otros cuentos, si bien peligrosa, podía ser también benévola, recompensando la amabilidad con ayuda mágica y buenos consejos. Igual que Annis podemos encontrar menciones de Baba Yaga en el cómic, la literatura fantástica y el mundo del rol. En Vampiro: La mascarada es una Nosferatu todopoderosa. En Hellboy, una de las más persistentes antagonistas del protagonista.




Brujas ilustres
Las literarias

  • Las brujas de Macbeth
Tres eran las brujas en los páramos, reunidas entorno a un caldero. Tres formando aquelarre. Tres brujas observando a Macbeth y su tragedia: tres brujas revelando a Macbeth que su destino era ser rey. Quizás tres testigos de la tragedia, quizás guías de la misma; Macbeth ya sentía la tentación de usurpar el trono pero ¿qué efecto tuvo en su determinación la revelación de las brujas?

Tras los personajes de Shakespeare podemos ver varias influencias; quizás la mas evidente es la relación con las Nornas, diosas de la mitología escandinava que presidían el destino de dioses y hombres. Los expertos rastrean su inspiración a las crónicas de Holinshed y la Daemonology del Rey Jaime I. Es interesante notar que, en el mundo teatral, se considera que la obra está maldita, y que pronunciar el nombre – Macbeth – en el interior de un teatro atrae la maldición. Para evitarla se la suele llamar “La tragedia escocesa”. En cuanto al origen de la maldición, se atribuye a la misma presencia sobrenatural de las tres hermanas, las weird sisters, y sus conjuraciones.




  • Maléfica
Disney explota el estereotipo de la bruja en multitud de películas; tenemos a la Reina de Blancanieves, a Úrsula la bruja marina o a la inolvidable Madame Mim en Merlín el encantador. Ninguna es tan siniestra como Maléfica, de La bella durmiente. Su diseño es ya de por sí iconico; tez verde grisáceo, estilizada túnica negra y púrpura, extraño tocado que recuerda a los cuernos de un diablo... no hay nada caricaturesco en Maléfica, como sí lo hay en la Reina o Mim. Nada de la exuberancia drag de Úrsula. Maléfica hace honor a su nombre: es seca, es mala, y no está por tonterías. “Now shall you deal with me, oh prince, and all the powers of hell” no es una frase que uno pueda asociar fácilmente con Disney: la transformación en dragón es gloriosa, y toda la batalla que sigue. Y que termina con la muerte de la bruja... que el príncipe abate solo con la ayuda de las hadas. Maléfica es un gran personaje: ella y Chernobog son seguramente los dos villanos Disney más siniestros (aunque la locura de Madame Mim no les va a la zaga) y es una pena que su herencia se haya de algún modo malogrado con la pésima adaptación interpretada por Angelina Jolie.




  • Yaya Ceravieja
Recuperando a las Weird Sisters de Macbeth, Terry Pratchett quiso parodiar la obra del bardo Inmortal en una de las novelas del Mundodisco, traducida en España como Brujerías. Lo consiguió, pero logró además crear un personaje que desbordaría aquella obra y exigiría sin miramientos serie propia: Yaya Ceravieja. Ni su creador pudo resistir la acerada determinación de la bruja y escribiría media docena de libros en los que Yaya brillaría con su pragmático enfoque vital, las avanzadas técnicas de cabezología y un carisma inigualable. Yaya y su particular aquelarre son a la vez un homenaje y una burla ambas escuelas: la tradicional y la Wicca. Son Doncella, Madre y... ejem... Vieja; Tata y Yaya se ríen de las tonterías Wicca de Magrat pero solo porque prefieren sus propios ritos igualmente vacíos: vacíos, pero útiles de cara al gran público. Saben que para ser bruja, primero hay que parecer bruja. 

Como con el resto de novelas de Mundodisco las de las brujas esconden, mediante la sátira, ácida crítica social: y en este caso concreto, el desmontar esta misma imagen de la bruja (clásica y Wicca) y reinventarla a lo Pratchett. A parte de “Brujerías” recomiendo encarecidamente “Brujas de viaje”.




  • Frau Totenkinder
Fables, Fábulas, cómic de Bill Willingham, es una de las últimas grandes series de Vertigo; por si el amor de una legión de fans no fuera suficiente, catorce premios Eisner lo certifican. En las páginas de Fábulas asistimos al relato desesperado de un grupo de personajes de cuento atrapados en un refugio, una reserva en Nueva York; son refugiados, huyendo del desastre en que se han convertido sus Tierras Natales de cuento. Willingham puede usar a personajes como Blancanieves, el Lobo Feroz o Barba Azul; pero no su versión acartonada sino una con un semblante de vida que los hace totalmente reales. Fábulas es lo que la série de TV Once upon a time intentó ser. Todos los personajes tienen su atractivo, y habrá como media docena que fácilmente puedo considerar entre mis personajes de cómic favoritos. Totenkinder, la bruja residente, es uno de ellos. Traducción literal de su nombre: “Muerte de los niños”. Totenkinder es una anciana de aire severo a lo McGonagall; sentada en su balancín, tejiendo, parece llevar una vida retirada. Su pasado oculto es de lo más interesante. ¿La bruja sin nombre que maldeció a la Bestia? Era Totenkinder. ¿La que le dió al flautista la flauta mágica? Totenkinder. ¿La que encerró a Rapunzel? Otra vez Totenkinder, en una eterna cruzada para castigar a los príncipes fatuos y orgullosos. Totenkinder representa un tipo de bruja al estilo de Baba Yaga (quien por cierto también aparece en Fábulas); escencialmente amoral, capaz de las mayores crueldades y de la mayor bondad. E incluso sacrificio si la causa es meritoria. Totenkinder - sin querer revelar demasiado de su pasado - es la cara envejecida de Medea. 

  • Xayide
Quizás la menos recordada de las que constan en este apartado, Xayide es uno más de tantos personajes inolvidables de La historia interminable de Michael Ende, libro a reivindicar donde los haya. Si de mi dependiera, sería de lectura obligatoria, y eso lo digo aún estando en contra de las lecturas obligatorias. Xayide actúa como antagonista en la segunda mitad del libro; como mujer sibilina y peligrosa, se parece más a las brujas clásicas, a una Medea, que a las de la edad Moderna. Como ellas acompaña al héroe y le seduce, convirtiéndose en consejera imprescindible. Al modo de las antiguas sagas, le ofrece un regalo mágico que, inocente en apariencia, trae la desgracia a su portador. A Xayide solo le importa Xayide: no conoce la amistad ni el amor. Es el personaje más real de Fantasía: sus ojos bicolor sugieren que existe con un pie en el mundo real y otro en el fantástico. 

Creedme que detesto ilustrar esta entrada con una imagen de la segunda película "basada" (es un término que aquí se usa con mucha libertad) en el libro. Si bien la primera era una adaptación aceptable (aunque superficial), la segunda ya no tenía nada que ver: y de entre todos los personajes que sufren este maltrato, Xayide es uno de los que más me duele. 






Y aquí termina este breve repaso a la historia de la brujería y el aún más breve vistazo a las biografías de algunas brujas ilustres. En la siguiente entrega estudiaremos elementos tan atractivos como el del Aquelarre o los familiares, y veremos de qué ingeniosos (y horripilantes) modos se trataba a las brujas. 

Si os ha gustado el artículo, o si la habéis odiado y queréis que más personas puedan odiarla también, ¡compartidla en Facebook Twitter! Y de paso seguidme en ambos :d 

En breve: Especial Halloween 2016: La Brujería. Segunda Parte.  

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada